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La aceptación como aprendizaje en la crianza

14 de Septiembre de 2021 Categorías: Especial Jugar i Jugar

La aceptación como aprendizaje en la crianza

La palabras “aceptación” resuena muchísimo últimamente en nuestro equipo. Somos compañeras de trabajo, claro, pero también se ha ido forjando una amistad enorme entre todas y compartimos con cariño los procesos significativos por los que pasamos cada una de nosotras, porque la vida es todo menos un camino plano. Los desniveles, las subidas a las cimas, se tratan mejor con buena compañía y escucha.

Por diversas causas, todas estamos ahora mismo trabajando mucho el concepto de aceptación, ¡qué curiosa la vida que nos lleva a puertos comunes partiendo de lugares totalmente dispersos en el mapa! Cada una desde su prisma, desde su experiencia y como trabajo personal profundo y responsable con nuestro autocuidado y crecimiento interior, estamos ahora enfrascadas en esta ardua tarea de aceptar.

Aceptar no como sinónimo de resignación, sino como punto de partida para lo que tenga que venir. Y sobre todo, para lo que es. ¿Dónde estoy? ¿Cómo me siento? ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Qué hago con esto? ¿Qué me digo? Buf, miles de preguntas abordando nuestras cabezas y nuestras almas aparecen en tropel cuando una se empieza a escuchar con afecto verdadero.

Pero pensamos que nuestra tarea como madres, sin embargo, es no quedarnos ahí. Queremos dibujar la aceptación como una gran manta con tentáculos que se extienda sobre nuestra aventura de crianza. Eso abre en consecuencia muchas incógnitas y muchas reflexiones que estos días, en los que hemos estado juntas trabajando, se han puesto sobre la mesa. Preguntas para las que no tenemos respuesta pero que nos han abierto el melón de un diálogo que queremos compartir por aquí, porque salen cosas preciosas cuando debatimos experiencias y anhelos de forma conjunta. Nos encanta escucharos y aprender con vosotras/os.

Hemos hablado estos días sobre la aceptación de nuestras hijas y nuestros hijos. Les amamos por encima de todo, luchamos cada día por su bienestar y por darles todo el amor del que somos capaces, sabemos valorarlos como seres únicos y especiales, pero… ¿estamos haciendo bien los deberes de la aceptación? No dudamos en que intención no nos falta, pero no sabemos si quizás deberíamos reparar un poco en el tema para vislumbrar posibles mejoras. 

No es difícil encontrar situaciones en las que nos vemos justificando a nuestras hijas/os por salirse del molde: “es que es un poco tímido”, “es que no para quieta, lo siento”, “es que no hay manera de que se atreva con nada”, “es que todo le da miedo”, “es que tiene mucha mamitis”, “es que le cuesta dormir fuera de casa”... como si hubiera que explicarlos ante los demás, disculparlos por ser de una u otra manera. ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Qué esconde esta actitud nuestra?

El trabajo de la aceptación no viene por creerse mejor o peor que nadie, no es un camino hacia el autoenamoramiento, hacia el “yo soy así y al que no le guste, que no mire”. Nosotras no creemos que vayan por ahí los tiros. Puedes no gustarte y aceptarte, puedes aceptarte y seguir trabajando en aquello que deseas cambiar, puedes aceptarte y reflexionar. Aceptar es el inicio de un recorrido enorme, para nada es el final. Tanto si es a ti a quien tienes que aceptar como al resto.

Por supuesto que hay que intentar que se superen cada día o que venzan aquellas dificultades que tienen para ser más felices. Pero nadie cambia tan fácilmente, ¿lo hacemos acaso las personas adultas? Tener una dificultad, un miedo, una angustia… lo que sea, no es algo que se pueda afrontar de cara en la mayoría de los casos. No somos tan valientes, ni tan fuertes. Somos personas humanas, tal cual. Si no hay detrás un trabajo previo de escucha interna y de aceptación, es complicado que se genere la capacidad necesaria de partida como para asumir el trabajo que supone el cambio.

Cuando les disculpamos en público, por supuesto que estamos intentando tender un puente para que les acepten tal y como son, por limar malas interpretaciones… y está genial, quizás es necesario, no lo sabemos. Pero si esto no va acompañado de un trabajo previo, en casa, con tiempo para trabajarlo y hablarlo, todo se puede hacer una pelota enorme. Ojalá todos y todas fuéramos tan fuertes como Goliat, pero aún así, lo mismo esto no va de fuerza. Va de miradas y de comprensión, de trabajo personal.

Escucharse, aceptarse, verse, oírse, hablarse, conocerse… son herramientas preciosas que podemos poner a su alcance. Todas las dificultades/miedos/nudos son una oportunidad maravillosa para hacérselas llegar y enseñarles a utilizarlas. No es necesario vencer nada, luchar contra el viento, obligarles a hacer lo que no quieren o no pueden. Quizás un cambio de mirada que nos ancle al punto de partida, el de la aceptación, y nos ayude a trazar un nuevo itinerario es el mejor de los caminos. Quién sabe. Nosotras no somos expertas en la materia pero en nuestras casas (4 casas diferentes con 9 niñas/os muy diferentes en total), nos está funcionando.

¿Qué opináis del tema?

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