13 años, hoy en día

27/09/2016. Categorías: Artículos de otros

Este es un artículo que nos pareció muy interesante y lo hemos traducido tan bien como hemos podido, habla sobre cómo es el día a día de una chica de 13 años y de cómo se relaciona a través de las redes y de la importancia que pueden tener los likes o los comentarios a lo que ella publica.

Se publicó originalmente en el Washington Post 25 de mayo del 2016 

Esto es lo que se siente al crecer en una edad de "me gustas", risas y deseos. 

 

Cuando ella entra en el coche, incluso antes de que se abroche el cinturón de seguridad, ya tiene encendido su móvil en las manos. Una niña de 13 años después de un día de octavo grado. 

 

Ella dice hola. I su "au pair" pregunta: ¿Lista para marchar? 

 

Ella no contesta, ya tiene su pulgar sobre Instagram. El meme de Barbara Walters se ve en la pantalla. Hace scroll y aparece otro meme. Después otro meme y cierra la aplicación. Ahora abre BuzzFeed. Hay una noticia sobre el gobierno de Florida. Rick Scott, el cual hace scroll para pasar a la noticia de Janet Jackson, después "28 cosas que no entenderás si eres Inglesa y Americana". Lo cierra. Abre Instagram. Abre la aplicación de NBA. Bloquea la pantalla, la vuelve a desbloquear. Abre Spotify. Abre Fitbit. Tiene 7.427 pasos. Abre otra vez Instagram. Abre Snapchat. Ella dibuja un arco iris brillante en la boca de su amiga. Mira a una famosa en Youtube haciendo muecas a la cámara. Mira un tutorial de arte para las uñas. Nota que hace un salto el coche y mira para arriba. Están en casa. Han pasado doce minutos. 

 

Katherine sentada en el asiento delantero de su coche, nacida en 2002, dicho de otro modo, que forma parte de la generación Z. 

 

L'iPhone de Katherine Pommerening es el sitio donde todos sus amigos siempre están pasando el rato. Por lo tanto, es el sitio donde ella también está. Ella está desde que suena por la mañana para despertarla. Está en la escuela, cuando lo puede hacer a escondidas. Ella también está mientras su hermana de 8 años hace cosas con sus manos. Lo deja estar cuando juega a básquet, skateboard, para mirar comedias en PG13 y a veces para cenar, pero cuando lo vuelve a coger llega a tener hasta 64 mensajes no leídos. 

 

Ahora está en la sala de estar de su grande casa de McLean, mientras nos explica qué es tener 13 años hoy en día. 

 

"Más de 100 me gustas está bien, para mí. Y comentarios. Solo comentas para hacer broma o etiquetar a alguien". 

 

Lo mejor es la cajita pequeña de notificaciones, que significa que a alguien le ha gustado, la han etiquetado o la siguen en Instagram. Ella tiene 604 seguidores. Solo hay 25 imágenes en su perfil porque elimina la mayoría de las cosas que publica. La imagen que no consigue tener los "me gusta" suficientes, no tiene bastante relevancia o no muestra los comentarios más divertidos de su vida, tienen que ser eliminadas. 

 

"Decido las imágenes que se ven bien" dice ella. "Unas con mis amigos, otras que son realmente muy bonitas". 

 

En algún sitio, puede que, en este mismo momento, los neurólogos están tratando de averiguar qué pasa en el cerebro de estos jóvenes (el cual todavía se está formando), conocidos como la Generación Z, durante todo este tiempo que pasan delante de la pantalla. Los educadores intentan enseñarles que no todas las respuestas están en Google. Los consejeros opinan sobre las adicciones a Internet. Los padres miran de ponerse al día haciéndose amigos de ellos en Facebook, (por cierto, Facebook ya está obsoleto). Los sociólogos, publicistas, analistas de mercado - todos quieren saber qué pasa cuando esta nueva generación nacida está enganchada a las pantallas e interactúa con el mundo. 

 

 

 

Katherine en su casa: jugando a la Xbox, en la cocina con su au pair Rachel, y su hermana Lila de 8 años. Fuera de su casa con el skateboard. Katherine tuvo su primer móvil en octavo grado. 

 

Ahora mismo, Katherine está mirando su móvil. 

 

"Mira esta chica" dice, "ella consigue muchos me gusta en sus imágenes porque cuelga nueve publicaciones diciendo 'Un me gusta a todas mis imágenes por un tbh, coméntalas cuando lo hagas'. Por lo tanto, todo el mundo le hace un me gusta en sus imágenes y ella sólo les tiene que dar un tbh". 

 

El tbh es un cumplimiento, quiere decir para ser honestos. Se puede utilizar para "to be heard" o "to be honest". 

 

Katherine lanza su pelo largo y castaño hacia atrás e ignora los ladridos de su perra labrador, Lucy, que ladra para que la deje salir fuera. 

 

Es una manera, más o menos, de decir que eres una buena persona. Si alguien te dice "para ser honestos (tbh), eres bonita y agradable" este tipo de me gusta, da validez a tus comentarios. Después la gente cuando lo ve piensa "Oh, ella es bonita y agradable". 

 

Para ser honestos (tbh), Katherine es tan agradable como bonita. Tiene las mejillas de una alumna de secundària y el vocabulario de una estudiante de secundaria. Tiene los ojos de color marrón claro, sólo se maquilla para ir a los bailes, en los cuales hay niños de otras escuelas. Su familia es más rica que la mayoría y ha visto más dolor. Hace un número 51 de pie, pero pronto crecerá rápido, o esto piensa su padre Dave, en una conversación muy incómoda que tuvo con ella sobre la pubertad, incluso después que ella le pidiera "Por favor, déjalo estar". Ella no está segura como los zapatos Converse se pusieron a la moda, pero pasó y por eso ella los lleva casi siempre. Leggins negros, también, excepto cuando va a su escuela privada, dónde tiene que llevar pantalones incómodos. 

 

La escuela es dónde se desarrolla: ella es querida por sus profesores, pronto actuará como Simba en el musical de "El Rey León" en la actuación de octavo curso, y obtiene las mejores cualificaciones. Su escuela no ofrece un nivel de matemáticas suficientemente alto para su nivel, así que ella hace clases de álgebra en Internet a través de la Universidad Johns Hopkins. 

 

Ahora ella está en su propio perfil, ha escrito a su amiga Aixa para su aniversario y está comprobando los comentarios de debajo de una foto de su amiga Aixa. 

 

"Los mensajes de feliz aniversario son una gran cosa" dice ella. "Realmente te demuestra quien se preocupa por escribirte algo en tu perfil." 

 

 

 Rachel, au pair de Katherine, entra a la habitación y le dice que es hora de prepararse para ir a practicar básquet. Katherine asiente con la cabeza, desplazando unas cuantas veces más el pulgar, como un péndulo de alta velocidad. Ella observa Vines (vídeos) – seis segundos de clips de vídeo – de juegos de básquet de la NCAA, mientras que sube las escaleras de su habitación que está pintada de azul cobalto. El azul es su color preferido. Ella describe la mayor parte de sus cosas preferidas utilizando “nosotros”, el que significa que son aprobadas tanto por ella como por sus amigos: Jennifer Lawrence, Gigi Hadid, Sprite, quesadillas de Chipotle llenas sólo con queso.

 

El suelo de su habitación es un lío de ropa, y su cama es un lío de cables. Uno para su teléfono, uno para un iPod, uno para su portátil de la escuela y uno para el ordenador portátil que pertenece a su madre, Alicia. 

 

Hay una manta de color rosa con el nombre de Alicia y ella yace en su edredón. En su escritorio una foto en blanco y negro de su madre el día de su boda. En un marco de la mesita de noche, una imprenta de la mano que hicieron juntas el día de la madre. Ahora las imprentas de Katherine son tan grandes como las de su madre en ese momento.

 

El cáncer de mama apareció justo después del nacimiento de Katherine. Se fue, después volvió i cuando Katherine estaba en tercer grado. Al quinto grado, Alicia y Dave le compraron a Katherine un teléfono móvil, por si las cosas se giraban. Ella fue de las primeras de su clase en tener uno.  

 

Se dio de alta en Snapchat y Instagram, Twitter y VSCO. Ella dejó de invitar los amigos a la casa, porque su madre estaba mala. 

 

El año pasado, en marzo un jueves nubloso Alicia murió. Katherine no quiere hablar, ni hoy ni cualquier día. No hablar de esto no quiere decir que no tiene que pensarlo, excepto cuando la casa está en silencio y el pensamiento simplemente se filtra. No dice a sus amigos cómo se siente. Cuando alguien le pregunta sobre esto, se encoje. Sus espaldas se curvan, los ojos también, pero no hay lágrimas que caigan por sus mejillas. 

 

Por favor, ella diría si estuviera leyendo esto, volvemos a hablar de su teléfono. 

 

Una foto de Katherine y su madre, Alicia, que se encuentra en la sala de estar de los “Pommerenings”. Alicia murió después de una larga batalla contra el cáncer de mama en marzo de 2015, cuando Katherine estaba en séptimo grado. 

 

Lila no puede encontrar sus zapatos de claqué, Rachel está mala, los perros esperan para almorzar y Katherine se dirige directamente al garaje. 

 

“¿No crees que tendrías que comer alguna cosa?” Le pregunta su padre, buscando en un armario. “¿Una barra de almorzar?” 

 

Katherine está de brazos cruzados con la funda rosa pastel del teléfono en la mano.

 

“Creo que tendrías que comer alguna cosa antes”

 

“Estoy bien”, dice ella. 

 

Lila baja las escaleras, con pantalones cortos y quejándose, tiene frío. 

 

“Estamos a 45 grados fuera”, le dice su padre. “No piensas que sea buena idea llevar pantalones cortos hoy?”

 

El padre vuelve de nuevo con Katherine, pero ella ya se ha marchado, a algún sitio de la casa, haciendo alguna cosa, no está seguro del qué, con su teléfono.

 

A Dave le gustaría que lo utilizase menos. En un mes, ella gastó 18GB de datos. La mayoría de los planes más grandes son de máximo 10GB. Entonces Dave tuvo que intervenir y le recortó a 4GB.

 

“No quiero ser muy duro todavía”, dice él. “Esto es algo que, desde mi punto de vista, tendré que descifrar como llevarlo a mi terreno”.

 

Cuando Dave tenía 13 años, vivía sólo a dos millas de distancia. No tenía ningún teléfono móvil, por descontado, y los teléfonos de casa estaban reservados para los adultos. Cuando quería hablar con sus amigos, se montaba en su bicicleta y se iba a buscarlos a su casa. Sus padres esperaban que jugara al aire libre durante todo el día y estar de vuelta para la cena.

 

Él lo comenta muchas veces esto. Tiene 56 años, es un abogado corporativo que no sabe cómo subir fotos en su perfil de Facebook. Cuando tenía 13 años, vivía solo a dos millas de distancia. No tenía un teléfono móvil, por descontado, y los teléfonos de casa estaban reservados para los adultos. Cuando quería hablar con sus amigos, se montaba en su bicicleta i los iba a buscar a su casa. Sus padres esperaban que jugara al aire libre durante todo el día y estar de vuelta para la cena. 

 

Algunos de los mejores amigos de Katherine nunca han estado en su casa, o ella en la de ellos. A ojos de Dave, parece que pasan poco rato juntos, pero sabe que para ella es como si estuvieran juntos todo el tiempo. Se trata de ver el que les envía – fotos de su familia de esquí, fotos de su gato Bo – pero no está seguro de que sus amigos, o quien sea que sigue, que le envíen a ella. 

 

Él comprueba la factura del teléfono para ver a quien llama y cuanto rato ha estado enviando mensajes de texto, pero apenas llama a nadie y la mayoría de chats son sobre todo a través de Snapchat, dónde sus mensajes desaparecen. Otro padre recomendó a Dave que utilizara controles parentales para evitar que Katherine utilice su teléfono por la noche. Él lo hizo, pero parecía que tan pronto como lo hizo, lo dejó estar por alguna razón.

 

Él encuentra que Katherine la está esperando en el coche con dos mochilas, una para sus libros y otra para su ordenador portátil. 

 

“¿Qué chaqueta traes?”, él le pregunta.  

 

“He cogido un jersey”, dice ella, como si ella ya lo hubiera planeado antes que él le hubiera preguntado nada. Vuelve a entrar en casa, con el móvil en la mano, protegiéndolo de las miradas indiscretas.

 

Incluso si su padre prueba de mirar sus aplicaciones, los verdaderos dramas de la vida adolescente no se encuentran escritos en comentarios.

 

Así como a veces, los amigos de Katherine le cogen su móvil sólo para un “no me gusta” a todas las imágenes de las chicas que no les gustan. Katherine no puede volver a seguir a estos perfiles de estas chicas porque se enterarían y sería prohibido.

 

Dave y Katherine en un parque cerca de su casa. 

 

Lila, 8 años, entre sus manualidades. Dave creció sólo a dos millas de distancia de dónde él está criando a sus hijas, pero la tecnología ha hecho su infancia muy diferente. 

 

O como la última semana, a mitad del baile de la escuela secundaria, sus amigas consiguieron los números de teléfono de 10 niños, pero después tuvieron que eliminar cinco de ellos, porque eran estudiantes de séptimo grado. Y antes de añadir a los chicos en Snapchat, se dio cuenta de que tenía que cambiar su nombre de usuario, ya que era su mote de la infancia y le daba vergüenza.

 

Entonces, como ella cambió su nombre de usuario, su puntación de Snapchat volvió a cero. La aplicación te premia con un punto, cada “snap” que envía y recibe. También es totalmente comprometido y estresante tener un rango medio en Snapchat. Así que, en un día, ella envío los “snaps” necesarios para ganar 1.000 puntos.

 

Snapchat es donde se flirtea. Ella no conoce a nadie que haya enviado una foto sin ropa a ningún chico, pero sabe que esto pasa con las chicas grandes, que saben que han conocido el chico adecuado. 

 

Nada que su padre pueda encontrar en su móvil muestra lo buena que es Katherine en las matemáticas, básquet o cantando, ella quiere desarrollarse mejor con su móvil. Para ser una de las mejores chicas en saber qué tiene que publicar, como captarlo, cuando hacer un “me gusta” o qué comentar. 

 

Ella vuelve al coche con su jersey azul. Un punto a favor para la educación de Dave. Él tiene que averiguar de qué va Snapchat. Y como ser un abogado de Washington i ser un solo padre. Y como hacer que se coman el almuerzo, se cepillen el pelo y lleguen a tiempo a la escuela.

 

Él pone la radio del coche y sintoniza el canal de los 60s en el Hits1, el canal que cree que le gustará a Katherine y a Lila. Está sonando Justin Bieber. Él se retira de la calzada y mira por encima del asiento. Katherine está mirando por la ventana con sus auriculares puestos.

 

Katherine haciendo sus deberes. Todas sus clases de octavo grado tiene una página web dónde se puede acceder a las notas y los deberes.  

Una tarde, Katherine se dejó su móvil accidentalmente en el coche de su padre. No lo tendría que necesitar cuando hace los deberes, pero ella lo coge, por un momento se olvida que no está a su lado sentada en el sofá en forma de U.

 

Sus pies reposan sobre una mesa de café, y el MackBook viejo de su madre está en su barriga. Ella está trabajando en su proyecto final, un ensayo de 12 páginas y la presentación sobre un tema de su elección. A principios de año, escogió “Photoshop y los medios de comunicación”, un estudio de cómo las mujeres son retratadas en las revistas.

 

Ella escribe en Google, “Cómo cambiar el icono de Chrome”. Ella encuentra lo que necesita en cuestión de segundos. El icono se vuelve de color rosa. Ella vuelve de nuevo al ensayo y copia una línea en la presentación de PowerPoint que expondrá frente a sus compañeros de clase.

 

Photoshop afecta a las mujeres de todas las edades que van de mujeres jóvenes de 6 hasta a las mayores de 40 años.

 

Su madre acostumbraba tener revistas de famosos por casa, pero ahora solo hay correo basura a su nombre. 

 

Katherine no necesita revistas o vallas publicitarias para ver mujeres bien retocadas por ordenador. Ellas están también en tu móvil, todo el tiempo, en medio de las fotos de sus amigos de aspecto normal. Está Aisha, está el culo de Kendall Jenner. Está Olivia, está la famosa Jenna Marbles en ropa interior en Youtube.

 

El mundo entero está en la punta de sus dedos y estarán durante años. Esto, Katherine lo expone como una teoría un día, es por eso que no se siente como si tuviera 13 años, en absoluto. Es probable que se sienta como si tuviera 16.

 

“Ya no me siento como una niña” dice ella. “No hago cosas de niña pequeña”. Al final de sexto grado – cuando todos sus amigos tuvieron móvil y se descargaron Snapchat, Instagram o Twitter – “Simplemente paré de hacer todo aquello que hacía normalmente. He dejado de jugar a juegos en mi tiempo libre, jugar con juguetes, a todo.” 

 

Su scooter está en el garaje, llena de polvo. Todos sus animales de peluche se los dio a Lila. El parque infantil de madera de detrás de casa se quedó vacío. Aunque tiene el monopatín con ruedas amarillas de neón, ya que montarlo todavía está a la moda entre sus amigos. 

 

“Simplemente dejé de hacer todo aquello que hacía normalmente. He dejado de jugar a juegos en mi tiempo libre, jugar con juguetes, a todo.” 

 

Katherine pasa de su trabajo a Instagram, que lo abre en una pestaña nueva. Hay la imagen de una chica, que irá a la escuela superior con Katherine, saltando fuera de la piscina. Una foto de unas nubes sobre un parquin. Un selfie mal iluminado. Vuelve al trabajo. Hay una sección sobre como las imágenes irreales de mujeres afectan a trastornos alimentarios adolescentes.

 

Si no estás delgada, no eres atractiva

Estar delgada es mucho más importante que estar bien de salud

No te tienes que sentir mal por no comer 

 

Ella encontró estas palabras en un blog que estimula la anorexia. Las páginas de este blog están llenas de fotografías de chicas esqueléticas y dan consejos de cómo dejar de comer. Si ella lo buscara, seguramente Katherine encontraría sitios como este para la bulimia, hacerse daño, suicidio – todo tipo de comportamientos peligrosos que pueden tener los adolescentes con algún trauma pasado. Ella puede encontrar todos aquellos artículos desde su móvil, sin mostrar ninguna diferencia en su rostro como cuando lee un artículo en BuzzFeed. 

 

En el pasado has sentido todos tus profesores y familiares hablar de ti. Eres muy “madura”, “inteligente”, “14 para 45”, y tienes “mucho potencial”. ¿Dónde lo has conseguido, si se puede saber? ¡En ningún sitio!

 

Ella copia y pega algunas líneas de este blog en su presentación. Ella no ha hecho nunca ninguna dieta. Pero, por alguna razón, dice ella, cuando encontró por primera vez este blog ya no se lo pudo quitar nunca más de la cabeza.

 

La mañana de su 14º aniversario, Katherine se levanta con la alarma de su móvil. Son las 6:30 a.m. Se da la vuelta y lo apaga en la oscuridad. 

 

Sus abuelos que, han venido a celebrar el final de su primer año de adolescencia, están durmiendo en la habitación de invitados. Ella puede sentir los perros ladrando debajo de las escaleras, esperando para comer.

 

Apoyándose en su cojín dorado con el símbolo de la paz, abre Instagram. Más tarde, Lila le dará una tarjeta regalo de Starbucks. Su padre traerá buñuelos a su clase. Sus abuelos la llevaran a cenar al Melting Pot. Pero, antes de nada, sus amigos decidirán qué imágenes publicar en su perfil de Instagram para felicitarla. Unas imágenes que gusten para conseguir los suficientes “me gustas” y tbhs (per ser honestos).

 

Sus amigos tendrían que publicarlo por la mañana, en unos minutos. Ella hace scroll hasta llegar a la imagen de una amiga posando en bikini en la playa. Después una imagen de Kendall Jenner. Un selfie con un café. Un vídeo de básquet. Un selfie de una chica con la lengua fuera. Ella vuelve a hacer scroll, esperando a que aparezca esta pequeña notificación.

 

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Antony


14/04/2019 19:22:40

Es muy linda

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