Tocando el cielo

27/02/2015. Categorías: Crónicas del juego

Autoras: Claudia Díaz y Carmen Granados con la colaboración de Elena Ferro.

 

Creo que uno de los mejores regalos que me hicieron en casa cuando niña fue instalarnos un columpio. La sensación de velocidad, del viento en la cara y las mariposas en el estómago me encantaban. Lo he recordado mirando este precioso video que me ha conectado con mi propia experiencia infantil:

 

5 MORE MINUTES - animated short from Tom Yaniv on Vimeo.

 

 

Nunca nadie nos columpió. De hecho, aprender a columpiarse uno mismo era un reto importante y atreverse a hacerlo cada vez más alto era todo un desafío. ¡Y no digamos saltar del columpio en movimiento!

 

Pensando en esas sensaciones y en esa experiencia me vinieron a la cabeza otras habilidades importantes para la vida que los niños y niñas desarrollan por si mismos si se les da el tiempo y el espacio para conseguirlo. Cómo aprendemos algo es un tema que últimamente interesa a numerosos pedagogos y científicos y si hay algo en lo que los estudios siempre coinciden es en que aprender es un proceso que implica experiencia. Las cosas que se pueden poner en práctica quedan registradas en el cerebro e incluso en nuestros genes. Lo más interesante es que aprender es un proceso individual: no hay nadie que pueda enseñarnos, tenemos que aprender por nosotros mismos.

 

Hay algunas habilidades que nos han permitido evolucionar como especie humana y son aquellas que los niños y niñas, independientemente de su procedencia, llevan a la práctica. Por ejemplo gatear y caminar, actividades vitales y necesarias para la supervivencia. Sobre este tema ya hemos hablado largo y tendido, somos absolutas defensoras de la visión Pikleriana que respeta los procesos de desarrollo de los bebés y que confía en la capacidad de los más pequeños. Siendo totalmente objetivas tendríamos que reconocer que es absurdo pensar que un bebé no conseguirá caminar si no le ayudamos. ¡Todos los bebés pueden conseguir gatear y caminar solos! Solamente necesitan tiempo y espacio. Para muestra un botón, mirad este par de vídeos.

 

 

Otra habilidad física que ha sido necesaria para evolucionar como especie es trepar, no sólo por la actividad en si, sino por la cantidad de cosas que hay que tener en cuenta cuando trepamos: dónde colocamos el pie y la mano, mantener el equilibrio, sostener nuestro propio peso, etc.

 

 

 

 

Como trepar, también correr, saltar o lanzar han sido durante milenios actividades imprescindibles para la supervivencia humana aunque actualmente ya no son estrictamente necesarias. Ahora ya no nos persiguen los depredadores, no estamos obligados a saber trepar un árbol en cuestión de segundos ni hace falta que cacemos nuestro propio alimento. Sin embargo, siguen siendo actividades vitales para obtener un sano desarrollo físico y mental porque en todas ellas los niños y niñas establecen sus propios límites, es algo que sólo pueden hacer ellos mismos. Independientemente de que un adulto les diga que caerán del árbol, los niños treparán hasta allá donde se sientan seguros.

 

Conocer y dominar el propio cuerpo es imprescindible para el ser humano. El movimiento y la ejecución de habilidades motrices proporciona placer, sirve para expresar emociones, aumenta la autoestima y proporciona seguridad. No se trata de una habilidad estrictamente corporal, sino que es también una actividad cognitiva que une cuerpo y mente. No en vano en la teoría de las inteligencias múltiples, una de las inteligencias es la corporal cinestésica. Gardner señala que las inteligencias no existen de manera separada sino que interactuan entre si. Nosotras contemplamos esto no desde un punto de vista académico sino desde un punto de vista de plenitud vital, de desarrollo de las capacidades de niños y niñas. Así pues, defendemos la importancia de las experiencias corporales y el aprendizaje a través de la experimentación. Incluso el aprendizaje en campos tan abstractos como las matemáticas se beneficia de la manipulación, la experimentación y el juego. Moverse es aprender.

 

 

Un árbol, un columpio, un terraplén, un charco… ¡Qué magníficas oportunidades para el aprendizaje, el crecimiento y la alegría!

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