EL JUEGO EN CASA DE LA FAMILIA PICAPINO

Carmen y Claudia. Carmen y Claudia. escribió esto el 29/11/2018. Categorías: Crónicas del juego

Es 20 de Octubre del 2019,  Laura y Javi de Picapino Carpintería nos abren la puerta y nos invade un olor a tarta recién horneada. Estáis en vuestra casa, nos dicen, mirándonos a los ojos y su recibimiento nos hace relajarnos desde el minuto cero.

La casa de esta familia está llena de luz, Javi es carpintero y la vista se nos va al suelo de madera, dan ganas de ponerse a bailar o hacer Yoga. Es un piso en el barrio de Vallecas, los espacios son amplios y muy cómodos, pero lo que más respira esta casa es vida.

Con una mezcla de intriga y reserva, aparecen en escena Manuela (8 años) y Hugo (4 años) y luego llega Gómez, el amoroso perro de la familia y nos saluda tan efusivamente que acabamos riendo todos y nos cuentan que a Gómez lo adoptaron el año pasado.

Laura es una conversadora increíble y enseguida empezamos a hablar un poco de todo.

Laura, Javi, en vuestra casa se respira juego y creatividad, ¿qué significa para vosotros el juego?

El juego es una forma de vida. Y con eso no queremos decir
que haya que estar todo el rato jugando,
sino que jugar es la consecuencia de que están pasando cosas bellas.

Educar es una tarea difícil. Es complicado de narices y a veces, es un atolladero. Hay muchos mensajes que transmitir pero uno de ellos, uno que les repetimos a nuestra hija y nuestro hijo como un mantra, es que la vida es cuestión de actitud (salvo casos extremos).

Y sin ser eruditos en el tema, sin haber hecho estadísticas ni tesis doctorales, el juego (libre, sano, en soledad, con otros y otras…) te predispone a ser más positivo en la vida. O eso creemos. No estamos seguros de por qué mecanismos exactamente, pero desde luego, ayuda a estar de una forma en este mundo.

 

En medio de la conversación aparece Hugo con una caravana de lego y nos explican que ha pasado desde hace poco a las piezas pequeñas y cómo han cambiado sus construcciones desde entonces.

¿Qué es lo que más disfrutáis de la etapa de juego en la que se encuentran ahora vuestros hijos?

Como tenemos una hija y un hijo que se llevan varios años, cada uno está en una etapa muy diferente. Suponemos que es porque en el juego, además de la edad, también influyen mucho tu personalidad y tu forma de ver y estar en el mundo, así que no podría ser de otra forma. Son seres humanos muy distintos y de hecho, el pequeño no juega a lo mismo a lo que jugaba la mayor a su edad, aunque confluyan en algunas cosas.

Quizás, de esta etapa, lo que más se disfruta es que tienen autonomía a la hora del juego. Claro que nos demandan a veces que estemos y pasamos por momentos críticos en los que lloran porque dicen que se aburren (como esperando que les diviertas o algo), pero si aguantas el tipo y no sucumbes, la verdad es que cada uno sabe buscarse su mundo y meterse en su universo paralelo fácilmente, lo que por una parte te libera mucho (no tanto como para ponerte a trabajar en el ordenador) y por otra, se disfruta mucho viéndolo.


Y también es bonito cuando los dos encuentran la manera de encajar y traman una actividad conjunta, pese a sus diferencias, un juego común en el que caben los dos. Normalmente es la mayor a que arrastra al pequeño, pero aún así, hay negociación, hay consenso, hay peleas y mucho disfrute cuando lo logran, lo que es divertido de ver.

¿Alguna vez habéis puesto expectativas en un juguete que luego no se han cumplido?

¡Uy!, un montón. Por ejemplo, una pieza emblemática del juego como es el arco iris Waldorf, que yo veía en todas las cuentas de Instagram, en nuestra casa no ha triunfado nunca. Se lo compramos a Manuela y no le hizo ni caso, pero ni caso, y decidimos guardarlo para el pequeño, Hugo, con el que estábamos seguros de que íbamos a triunfar. ¿Cómo íbamos a fallar si lo hacíamos todo bien como padres? Tampoco lo usó jamás, jajaja.

¿Y Qué hacéis cuando, como con el caso del arco iris, un juguete no funciona en vuestra casa?

Pues a veces lo guardamos, porque es un juguete que tiene recorrido y sospechamos que lo mismo más adelante podrían sacarle partido, pero muchas de ellas lo dejamos ir. Sin más. Lo regalamos, lo donamos, lo intercambiamos o se lo damos a la primera persona que pase por la acera.

Ahora, simplemente asumo que es que el juguete
o el material no les van nada de nada y chimpúm.
Un niño o niña no necesita que un adulto
venga a decirle cómo jugar.

Al principio, cuando Manuela era pequeña, sí que nos comíamos mucho la cabeza pensando que algo no estábamos haciendo bien cuando juguetes que se supone que los niños y niñas adoran, no le llamaban la atención lo más mínimo. ¿Le pasaría algo a nuestra hija? ¿No estaríamos sabiendo presentárselo bien? ¿Habría que ponerlo más abajo del estante? ¿Tendría que vernos jugar un rato con él para darle “ideas” de cómo usarlo? ¡Ay, madre!, la de cosas absurdas que se llegan a pensar.

Ahora, simplemente asumo que es que el juguete o el material no les van nada de nada y chimpúm. Un niño o una niña no necesita que un adulto venga a decirle cómo jugar o a mostrarle las maravillas de un arcoíris de madera. Si no lo usa, estamos convencidos de que no le interesa y no hay más. No es un problema de no haberle leído el libro de instrucciones.


Ahora aparece Manuela en el salón con una maravilla de muñeca, es de esas que son para probar portabebés, nos deja cogerla y comprobamos que pesa como un bebé de verdad. Manuela tiene mucha ropita de recién nacido que utiliza para su muñeca y es cautivador ver el cariño y cuidado con el que trata a su muñeca.

 

Las muñecas y muñecos son
compañeros de juego con los
que se crea una relación desde
el corazón. Les acompañan en
momentos de gozo y de tristeza.

Los niños y niñas de todas
las culturas  juegan con muñecas
y establecen con ellas una relación
que no permiten otros juguetes.

Nos habéis contado mucho sobre el colegio al que van vuestros hijos, creéis que el juego tiene que formar parte de la educación, ¿hasta que edad os parece que debe incluirse el juego en las aulas?

Siempre, porque el juego no es un objetivo didáctico, es un canal, un vehículo. Es decir, que no usamos el juego para colarle un concepto matemático, sino que lo usamos para presentarle ese concepto de otra forma, desde otra perspectiva. Por eso, pensamos que el juego debe estar siempre presente porque permite introducir variables de diversión, curiosidad, motivación, investigación, cooperación... en el aprendizaje. Una maravilla, ¿no?

Pensamos que lo mismo, cuando la gente se extraña cuando intentas defender el juego hasta el infinito y más allá en la escuela y no solo en infantil, es porque tienen el concepto de juego muy reducido. No es que seamos unos expertos en la materia, ni mucho menos, y hablamos por pura vivencia propia,  pero el juego es un concepto muy amplio, que incluye una diversidad de actividades y oportunidades enorme. Obviamente, hay juegos adaptados a todas las edades y si eso nos parece obvio en las fases tempranas del crecimiento, ¿por qué deja de parecernos coherente más adelante?

 En el colegio de nuestra hija y nuestro hijo, el juego es una cosa seria. Se usan mucho en grupos interactivos y los tutores y tutoras se lo trabajan mucho para coordinar lo que aprenderemos cada semana jugando con las clases más al uso, que también las tienen (bueno, a veces, jajaja). Jugar no es solo ir a dar palmas y a saltar a la comba.

Laura, ¿cuántos hermanos tienes? ¿Cuántos años os lleváis? ¿Jugabas con ellos?

Yo tengo dos hermanos, una mayor y otro más pequeño. Con la mayor me llevo mucha diferencia de edad y no recuerdo jugar mucho con ella. Con el pequeño sí que he convivido más y hemos sido lapas hasta bastante mayores, con lo que supongo yo que jugar a algo, jugaríamos. La verdad es que siempre hemos estado rodeados de más niños y niñas, con lo que lo que más recuerdo es jugar en grupo.

¿De pequeña jugabas con tus padres?

Pues la verdad es que no, o al menos yo no lo recuerdo. Para nada eran padres ausentes, porque siempre los recuerdo ahí, como figuras importantes en mi infancia. Pero jugar, lo que se dice jugar… no.

Sí que había momentos puntuales de jugar a algo en familia, pero no era el día a día, ni les buscaba para que fueran el Ken mientras yo era la Barbie. Eso no lo hacían los mayores. A jugar se dedicaban solo los niños y niñas.

¿Y tu, Javi, cuántos hermanos? ¿a qué jugabas de pequeño?

Yo tengo una hermana más mayor que yo y aunque estamos muy unidos y hemos jugado juntos sin duda en algún momento, es verdad que desde pequeños hemos estado mucho en la calle, con la pandilla. Vivíamos en una urbanización cerrada de un pueblo en la sierra, a las afueras de Madrid, y nos juntábamos en la plaza a jugar a todo tipo de juegos de grupo, montar en bici, bañarnos en verano, jugar a las cartas… Subíamos a comer, a merendar a cenar y poco más. Los padres y las madres ni nos veían el pelo pero estaban tranquilos/as, porque supongo que nos cuidaban entre todos/as.

¿Y vosotros, jugáis con vuestros hijos?

 Pues la verdad es que no mucho, cosa que nos ha supuesto más de un quebradero de cabeza, no os creáis. A ver, a veces sí que hacemos algo en familia y demás, pero jugar lo que se entiende por jugar…

Porque esa es otra, ¿qué se entiende por jugar? Lo primero que nos ha salido así del corazón es que no, pero luego hemos dicho, ¿seguro? Porque cantar canciones en el coche, ¿es jugar? Ir al súper y fingir que no te funciona el brazo derecho para que se rían, ¿es jugar? Parar la cena de repente para decidir que todos tenemos que comer a cámara lenta, ¿es jugar? Meternos en la cama y para que se duerman, hacer el campeonato para ver quién se mueve el último, ¿es jugar?

Entonces puntualicemos: jugar a las construcciones, no solemos jugar. Pero jugar, jugamos, ¿no?

De repente suena la música y llega el momento del movimiento. Javi coge a Hugo y a Manuela por turnos y les da vueltas sin parar hasta que, al dejarles en el suelo, se caen perdiendo el equilibrio, cosa que les encanta. Toda la familia está presente, están viviendo un momento de diversión compartida. No intervenir en su espacio de juego, no sentirse en la obligación de jugar con ellos, no significa que no sea importante aprovechar los lazos que genera el tiempo juntos/as, aportando nuestra presencia sin abandonar nuestro papel de adultos.

¿En caso que no, te has llegado a sentir culpable por no jugar con ellos?

 Al principio yo (Laura, que soy la que más tiempo pasa con ellos) me sentía un poco culpable por no tirarme con ellos en la alfombra, para qué engañarnos. Las redes han hecho mucho daño y cuando veía a los padres y las madres pasando ratos maravillosos y eternos con sus retoños tan felices, me sentía un poco piltrafilla. Porque la mayoría de las veces, me aburría como un hongo jugando a los clicks o haciendo de madre de un Nenuco. Y no me sujetaba del sueño. ¿Qué tipo de madre era? ¿Qué tipo de entrega de churro era esa?

Pero poco a poco, he cambiado totalmente de visión, la verdad. Me he dado cuenta de que, por un lado, este síndrome de la madre bufón que tiene que estar todo el tiempo divirtiendo a sus hijos e hijas, es una locura extrema que llega al delirio. Si ellos se aburren, no es mi responsabilidad y, ni mucho menos, mi función sacarles de ese estado. Lo siento, pero no.

Por otro lado, la verdad es que me he dado cuenta de que cuando ella y él juegan, yo sobro. No pinto absolutamente nada en sus juegos y cuando estoy, soy una atracadora de su tiempo libre. Ellos saben jugar, se divierten jugando, se organizan perfectamente y cuando estoy, esa magia se tuerce. Puede que nos lo pasemos bien, claro, y compartir momentos de juego juntos a veces está bien, pero no juegan igual si yo estoy con ellos.

El juego es un espacio para que ocurran muchas cosas. No se juega solo para divertirse. Se juega para expresar, para sacar fuera, para investigar, para relajarse, para ser malvados, para ver qué pasa si… yo qué sé, para mil cosas seguramente. Y cuando yo estoy, todos los personajes de la historia siempre son buenos, los finales son felices o los malos llevan un tufo a didáctica que huelen a mil kilómetros a la redonda.

 Prefiero hacerles el favor de no hacerles ni caso mientras juegan.

Se lo merecen.

Y muchísimo más cuando están con amigos y amigas. Eso ya sí que es sagrado.

Tenéis un piso amplio y lleno de luz, ¿Manuela y Hugo nacieron aquí?

Sí, ya vivíamos aquí cuando los dos nacieron. Antes vivíamos en Madrid, en un piso muy céntrico, al lado de todo, pero muy pequeño. Nos lo pasábamos muy bien, pero nos salió una oportunidad de venirnos a las afueras a un piso en medio del páramo, pero grande, y decidimos dar el salto.

 

¿Estáis contentos de haber hecho el cambio?

Pues al principio, no, jajaja. Costó acostumbrarnos y no fue hasta que tuvimos a Manuela y a Hugo y nos cambiaron las preferencias, que no supimos la suerte que tenemos. Ahora no nos iríamos al centro ni de broma.

Aquí tenemos espacio, tanto en casa como fuera. Podemos bajar con las bicis, los patines, hay un pequeño charco a que llamamos piscina en el bloque, sacamos a Gómez (nuestro perro) en el parque de en frente y subimos las compras del súper directamente desde el garaje en el ascensor. Eso es todo un plus, viniendo desde un 4º si ascensor.

Estamos lejos de todo, claro, es un poco rollo, pero la vida es cuestión de balanzas y equilibrios y hemos sabido moverla a nuestro favor. Aquí tenemos nuestros amigos y amigas, el cole que queremos, silencio por las noches y ya estamos felices. Con sus pros y también asumiendo sus contras.

Manuela tiene 9 años, una edad preciosa en la que muchas habilidades físicas y sociales están ya conquistadas y eso se refleja en su juego, le encantan las muñecas Lottie y nos ha dejado para ir a montar un campamento

Jugar con muñecos pequeños requiere paciencia, concentración y asignarle a cada personaje alguna acción, por eso el juego con mini mundos que es el que hemos hecho todos en nuestra infancia, ya sea con soldaditos, vaqueros o clics, lo recordamos con tanta claridad, porque es de una etapa de juego que ocurre a partir de los 7 u 8 años y se alarga prácticamente durante toda la infancia.

¿Creéis que el sitio en el que vivís condiciona la forma de jugar de nuestros hijos?

Supongo que sí. No me los imagino jugando igual en nuestro anterior piso. Es verdad que tenemos espacio y mucha luz, la gente nos dice que es una casa alegre.

Pero en realidad, creo que también es el uso que hacemos del espacio. Pueden jugar en toda la casa, no nos importa que ocupen el salón ni que hagan potingues en la cocina. Y como lo hacemos porque no nos importa de verdad, no porque nos lo impongamos como teoría, nos sale bien, jajaja. Eso sí, luego las broncas para recoger son a veces de telediario de tarde, las cosas como son.

Nos hemos dividido, Carmen juegan con Hugo y yo con Manuela, después de enseñarme las Lotties nos entretenemos mirando los personajes de la película COCO, le cuento a Manuela cosas de México, del día de los muertos y me pregunta si las cosas son como en la película…

… Le respondo a lo que le causa curiosidad sobre México y no puedo evitar pensar en el genuino interés, atención y curiosidad de los niños. Cuando se sienten cómodos , ellos preguntan, te miran a los ojos y escuchan atentamente.

¿Manuela y Hugo suelen salir a jugar solos fuera de casa?, ¿por qué?

No, porque les ha tocado en la rifa una madre paranoica y no lo pueden remediar. A mí (Laura) me da algo, en parte porque son muy pequeños aún y en parte, por mis taras mentales, que me hacen ver secuestradores y coches veloces en cada esquina. ¡Juro que lo intento, pero no puedo!

Sé que es bueno que vayan solos, que deberían, que esto y aquello, la teoría me la sé, pero no puedo. A cambio, cuando bajamos al parque, vamos al campo, estamos en el patio del colegio… no estoy encima en absoluto. Con verles me vale, y a no ser que pongan en serio peligro su vida, prefiero hablar con la pandilla que estar a su lado subiéndoles por la rampa. “Si no puedes solo/a, es que no es para ti”, ese es mi lema (a veces, cuela y todo)

Otra cosa es el pueblo. Ahí hay manga ancha y me desquito de mis culpas. Van y vienen, salen y entran, suben y bajan de casa en casa. Y yo, tan normal.

Javi es carpintero, ¿Eso influye de alguna forma en el juego de vuestros hijos?

Claro. Tenemos mucha suerte y Javi hace muchos experimentos. Si vemos algo en un blog o en Pinterest que nos gusta, puede ir al taller y hacerlo para ver qué pasa. Eso es una suerte enorme y condiciona mucho su forma de jugar, suponemos.

Hay materiales que no están en otras casas y que les dan oportunidades que otros niños y niñas no tienen. Como no podemos hacerles muñecas, ni nada de eso, su infancia estará marcada por las estructuras móviles para hacer casitas, rampas y escaleras para trepar, bloques de madera, cocinitas… supongo que eso les marca.

Carmen está con Hugo y él le cuenta que le gustan los dinosaurios, jugar con coches y aquí está dibujando en una libreta que le trajo su abuela de un viaje que hizo a un país donde los monos se columpian por las calles (La India, algún país de África…?).

Hugo es muy musical, lleva varios intentos de ponernos música y ahora aparece con una pequeña guitarra pero más que tocar nos dice que está pescando. Nos encanta el caos que provoca el juego, solemos ver imágenes perfectas en las redes de niños jugando, pero el juego es en esencia bellamente caótico y está muy bien dejar que ocurra tal cual es.

¿Si pudierais cambiar algo de la forma en la que juegan los niños de nuestra sociedad actualmente, qué sería?

¿Vale decir que pondría mucha gente vigilando en cada esquina en plan clandestino para que no se note que están pero que les cuiden? Mmm, lo mismo no es una respuesta muy coherente, jaja.

Ahora en serio, creemos que deberíamos parar y dar un paso atrás para volver al juego vacío. Vacío de materiales, me refiero, o de materiales tan obvios. Los juguetes ahora son tan definidos, que tienen poquísimo recorrido y permiten un abanico pequeño de posibilidades (aunque luego te sorprenden al respecto, la verdad).

Echamos de menos ver jugar a niños y niñas con cualquier cosa y cuando eso ocurre, para nosotros es brutal. Verles acunar una cuchara de madera porque es su bebé, para nosotros es un regalo. ¡Qué maravillosa es la infancia! Experimentar con objetos cotidianos, basar el juego en la imaginación y no en el objeto en sí, marcando tú las reglas y no dejándote llevar por lo que el juguete te dicta, es una puerta abierta a soñar despierto/a. Un muñeco de Buzz Lightyear tiene infinidad de posibilidades menos, por muchas luces y ruidos que haga, que un trapo con cabeza. Es importante no hacerles perder eso.

Y no lo decimos por hacernos los pedantes, es que lo vemos con nuestros propios ojos, todos los días, en nuestra propia casa. Y nuestra hija y nuestro hijo son niños bastante normales.


¿Creéis que transformando la forma en la que juegan los niños podemos hacer cambiar la sociedad del futuro?

Sí, y a mejor, claro. A ver, nada es una línea recta y en ese cambio influyen muchos mas parámetros, pero desde luego, hay gente a la que le faltan muchas horas de juego y eso, se nota.

De vuelta al centro de Madrid, hablamos sobre la belleza de estas sesiones, de la generosidad de las familias que nos permiten entrar en su intimidad y de lo afortunadas que somos de poder entrevistar con calma a los niños y a sus padres.

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