Los niños y niñas juegan por la misma razón por la que comen, se mueven, ríen y lloran, piden abrazos, duermen y respiran. Ninguna de estas funciones puede suprimirse sin que su desarrollo vital resulte seriamente afectado. Por esto, ningún juguete hace jugar a un niño: es él quien, tenga treinta juguetes o ninguno, transforma el objeto que tiene a su alcance, por anodino que sea, en un material de juego perfecto.
En nuestro mundo, los juguetes se han vuelto necesariamente educativos, instructivos, didácticos y muchas cosas más. Lo cierto es que ningún objeto, por magnífico que sea, no hará que un niño desarrolle nada. Porque cuando la propuesta llega a destiempo, el pequeño o pequeña no lo va a integrar; y cuando es el momento, la necesidad y el interés encuentran la manera y el material para explorar lo que le hace falta, y seguir avanzando.

Fotos de Claudio Sorrue
Los niños y niñas observan, se preguntan, registran, incorporan. Estan en constante descubrimiento, pero no necesitan un abanico de propuestas que incluya todas las áreas del desarrollo para crecer. Adultos y también niños tenemos necesidades diversas, pero un único dipósito de energía (parece mentira, pero ellos también), que gestionamos como sabemos. Los niños y niñas, mientras no pierden la connexión profunda consigo mismos, se autoregulan maravillosamente bien, procurándose variedad y alternancia: un rato de movimento puede ir seguido de un juego de construcción, y después buscar el dibujo o la pintura: actividad corporal, actividad manual, actividad artística.
Lo que sirve es el juego: como proceso, como secuencia viva y personal, invisiblemente guiada por el interés del descubrimiento. Más allá de unos criterios generales, no existen los juguetes indicados para cada edad, sino los materiales que acompañan las fases del crecimiento, y estas fases son únicas y distintas en cada niño. Sólo escuchándoles, leyendo el momento y el lugar por el que están transitando, podemos hacer propuestas materiales que tengan más sentido.
Antes de comprar, esperemos que se manifieste la necesidad interna. ¿Necesita construir? Lo hará con los tarros de la cocina; y enconces será un buen momento para ofrecer un juego de construcción. Primero la necesidad, después el material: de dentro hacia fuera, porque si una propuesta aparece cuando el interés no se ha despertado, no encontrará la receptividad necesaria; y cuando existe la necesidad y no hay las herramientas y materiales, se los construirá con lo que tenga a su alcance.
Sí, lo es. Los materiales condicionan su investigación: si son muy elaborados, de funcionamiento único y sobreestimulantes, le empobrecen: son llamativos, pero lo saturan pronto, desconectándolo de sus recursos y necesitando más estímulos externos. Si son sólidos, abiertos y llenos de posibilidades, le alimentan con tiempos lentos, con usos muy diversos, con opciones para crear y recrear: ¡le dan alas para crecer!